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¿Quiénes son los comunistas y cómo se originó su movimiento?

Un análisis riguroso y fundamentado en fuentes históricas sobre los comunistas, sus orígenes doctrinales, sus diversas corrientes y su evolución política.

En pocas palabras

  • El comunismo es un movimiento político surgido en el siglo XIX que propugna la propiedad colectiva de los medios de producción.
  • Los términos «comunista» y «comunismo» se consolidaron en Francia hacia 1840 para designar a los sectores obreros que exigían reformas económicas radicales.
  • Karl Marx y Friedrich Engels publicaron en 1848 el Manifiesto del Partido Comunista, obra fundacional del socialismo científico.
  • La Revolución de Octubre de 1917 en Rusia supuso la primera instauración de un Estado basado en la ideología marxista bajo el liderazgo de Vladímir Lenin.

¿Quiénes son los comunistas y cómo se originó su movimiento?

El término comunistas hace referencia a los partidarios y defensores del comunismo, un movimiento político y socioeconómico surgido formalmente en el siglo XIX que aboga por la transformación radical de la sociedad mediante la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y la instauración de una comunidad sin clases, sin mercado y sin Estado en su forma tradicional[1]. Este artículo examina el desarrollo histórico de estas ideas, sus principales pensadores y su impacto político a escala global.

La estrella roja, símbolo usado recurrentemente para representar a los partidos comunistas.
La estrella roja, símbolo usado recurrentemente para representar a los partidos comunistas o al comunismo en general.

¿Cómo surgieron las palabras «comunista» y «comunismo» en el siglo XIX?

Los términos «comunista» y «comunismo» aparecieron en Francia alrededor de 1840, aproximadamente una década después de la generalización de las palabras «socialista» y «socialismo»[12]. El adjetivo «comunista» comenzó a utilizarse para identificar a aquellos sectores obreros e intelectuales que consideraban insuficientes las reformas meramente políticas y exigían una reestructuración económica radical basada en la igualdad real[12]. Desde Francia, impulsadas por obras como las de Lorenz von Stein y por la actividad de grupos clandestinos, estas denominaciones se difundieron con rapidez por los Estados alemanes y británicos.

A diferencia de los socialistas de la época, que a menudo buscaban alianzas con clases instruidas o se limitaban a reformar la producción, los comunistas enfatizaban la necesidad ineludible de la lucha de clases y de la revolución política para conquistar el Estado[12]. Esta distinción motivó que Karl Marx y Friedrich Engels adoptaran formalmente el vocablo «comunista» para denominar a la Liga de los Comunistas y a su manifiesto de 1848[12].

Licurgo de Esparta, legislador asociado con formas de comunismo militar antiguo.
Licurgo de Esparta, cuya legislación inspiró reflexiones posteriores sobre formas de comunismo militar y colectivo.

¿Qué antecedentes históricos y filosóficos posee el pensamiento comunista?

Aunque el movimiento comunista moderno es indisociable de la Revolución Industrial y del capitalismo decimonónico, las visiones filosóficas de una sociedad basada en la propiedad común poseen una larga trayectoria histórica[1]. Entre los antecedentes clásicos destacan la República de Platón, donde se proponía la abolición de la propiedad y de la familia para las clases rectoras, así como las prácticas comunitarias de los primeros cristianos y diversas herejías medievales[1].

Durante el Renacimiento, estas ideas adquirieron un formato literario y doctrinal con la publicación de obras como Utopía (1516) de Tomás Moro y La ciudad del Sol (1623) de Tomás Campanella, que describían sociedades sin clases basadas en la razón y el trabajo colectivo[1]. Posteriormente, durante la Ilustración y la Revolución francesa, pensadores como Jean Meslier, Morelly y François-Noël Babeuf sentaron las bases del comunismo igualitario y de la acción revolucionaria directa contra la propiedad privada[1].

Tomás Moro, autor de la obra Utopía.
Tomás Moro, influyente pensador inglés del siglo XVI cuyo tratado Utopía retrató una sociedad sin clases.

¿De qué manera influyó el socialismo utópico en la formación de la teoría comunista?

Las corrientes del socialismo utópico, representadas principalmente por Henri de Saint-Simon, Charles Fourier y Robert Owen, constituyeron un pilar fundamental en la gestación del pensamiento económico que precedió al marxismo científico[1]. Saint-Simon propuso una sociedad planificada dirigida por científicos e industriales para atender las necesidades de las clases desfavorecidas; Fourier ideó los falansterios como unidades cooperativas autosuficientes; y Owen defendió la vinculación del valor de los productos al trabajo incorporado en ellos[1].

Aunque Karl Marx y Friedrich Engels valoraron positivamente estas aportaciones por su crítica al sistema capitalista naciente, calificaron sus métodos de utópicos al rechazar la lucha de clases y confiar en la transformación pacífica mediante la propaganda voluntaria[1]. Marx y Engels reelaboraron estas premisas fundamentándolas en el materialismo histórico, postulando que la emancipación de los trabajadores debía ser obra de los trabajadores mismos a través de la acción política revolucionaria[12].

François Babeuf, impulsor de la Conjura de los Iguales.
François Babeuf, dirigente revolucionario francés considerado precursor de la acción política comunista.

¿Cuáles son los principios fundamentales del marxismo y el materialismo histórico?

El marxismo establece que la historia de las sociedades humanas ha sido la historia de la lucha de clases, originada a partir de la aparición de un excedente de producción y su apropiación por parte de una minoría dominante[1]. En el modo de producción capitalista, esta contradicción divide a la sociedad en dos clases antagónicas principales: el proletariado, que vende su fuerza de trabajo, y la burguesía, propietaria de los medios de producción[1].

Según esta doctrina, el desarrollo inestable del capitalismo genera crisis cíclicas que culminan inevitablemente en una revolución proletaria[1]. Dicha revolución requiere la conquista del poder político, el establecimiento transitorio de la dictadura del proletariado y la socialización de los medios de producción como pasos previos hacia la construcción de una sociedad sin clases y sin Estado[1].

Karl Marx, principal desarrollador del socialismo científico.
Karl Marx, filósofo y economista alemán cuyas aportaciones teóricas estructuraron el comunismo científico.

¿Cómo se estructuró la aplicación histórica del comunismo en el siglo XX?

La aplicación práctica del comunismo experimentó un punto de inflexión decisivo con la Revolución de Octubre de 1917 en el Imperio ruso, liderada por Vladímir Lenin y el Partido Bolchevique[1]. A diferencia de las previsiones originales de Marx, que situaban la revolución en países industriales avanzados, el proceso triunfó en un territorio predominantemente agrario, configurando un modelo de partido de vanguardia y de centralismo democrático[1].

Bajo la dirección de la Internacional Comunista (Komintern) y posteriormente bajo el liderazgo de Iósif Stalin, se implantaron economías centralizadas y planificadas mediante planes quinquenales en la Unión Soviética[1]. Tras la Segunda Guerra Mundial, este modelo político e institucional se expandió a numerosos países de Europa del Este, Asia y América Latina, originando un bloque geopolítico que perduró hasta la disolución de la URSS en 1991[1].

Soldados soviéticos izando la bandera sobre el Reichstag en Berlín.
Alzamiento de la bandera soviética sobre el Reichstag en 1945, acontecimiento emblemático del fin de la contienda europea.

¿Qué principales corrientes críticas e ideológicas se han opuesto al comunismo?

Las críticas al comunismo se dividen fundamentalmente en dos ámbitos: el análisis teórico de sus principios económicos y la evaluación de los resultados prácticos de los regímenes del siglo XX[1]. Desde la perspectiva económica, economistas liberales han cuestionado la viabilidad del cálculo económico en ausencia de precios de mercado. En el plano político e histórico, diversas investigaciones y obras documentales, como El libro negro del comunismo, han señalado la represión política y las hambrunas derivadas de las planificaciones autoritarias[1].

Asimismo, el comunismo ha enfrentado discrepancias desde el propio movimiento obrero y la izquierda política, destacando las críticas formuladas por el anarquismo —que rechaza la necesidad de un Estado transitorio—, el comunismo de consejos, el trotskismo y la socialdemocracia, las cuales cuestionaron los métodos centralistas y el carácter burocrático adoptado por los Estados socialistas[1].

Monumento a las víctimas del comunismo en Praga.
Monumento conmemorativo dedicado a las víctimas de la represión política bajo regímenes comunistas en Praga.

Sources & Further Reading

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