Historia de España 6 min de lectura

¿Qué fue la Confederación Española de Derechas Autónomas durante la Segunda República?

Análisis histórico detallado de la Confederación Española de Derechas Autónomas, su ideología, su papel político en la Segunda República y su evolución hasta la Guerra Civil.

En pocas palabras

  • La CEDA fue fundada formalmente entre febrero y marzo de 1933 como una confederación de partidos de derechas y católicos durante la Segunda República.
  • José María Gil-Robles lideró la formación, adoptando tácticas de masas y un pronunciado culto a la personalidad de inspiración autoritaria.
  • En los comicios de noviembre de 1933, la coalición se convirtió en la fuerza parlamentaria más votada con 115 escaños.
  • La incorporación de ministros de la CEDA al gobierno en octubre de 1934 precipitó la revuelta de la Revolución de Asturias.
  • Tras el triunfo del Frente Popular en 1936, el partido apoyó económicamente y conspiró en el golpe militar que dio inicio a la Guerra Civil.

¿Qué fue la Confederación Española de Derechas Autónomas durante la Segunda República?

La Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) fue una gran coalición política española de carácter católico y derechista que operó durante el período de la Segunda República Española. Fundada formalmente en 1933, se articuló como el principal partido de masas del conservadurismo y del catolicismo político con el propósito declarado de defender los principios de la civilización cristiana y promover una revisión profunda de la Constitución de 1931. A lo largo de su existencia, aglutinó a numerosas fuerzas de ideología conservadora, agrarista y antiliberal, convirtiéndose en un actor central de la inestabilidad política que precedió a la Guerra Civil Española.

¿Cuáles fueron los antecedentes y el proceso de fundación de la CEDA en 1933?

Los orígenes de la CEDA se remontan a la organización católica de carácter social impulsada por Ángel Herrera Oria en torno al diario El Debate. En abril de 1931 se constituyó Acción Nacional, renombrada posteriormente como Acción Popular debido a restricciones legales sobre el uso del término «nacional» en los nombres de los partidos. Tras la fracasada sublevación militar conocida como la Sanjurjada en agosto de 1932, los dirigentes de Acción Popular optaron por desmarcarse de otras formaciones monárquicas para enfatizar una estrategia estrictamente legalista en su acceso al poder.

El proceso de convergencia culminó en el congreso celebrado en Madrid entre el 27 de febrero y el 2 de marzo de 1933, donde se ratificó la creación de la confederación bajo el liderazgo de José María Gil-Robles. El programa fundacional exigía el acatamiento del poder constituido conforme a las directrices eclesiásticas, la lucha legal contra la legislación considerada persecutoria y la exclusión de cualquier debate sobre la forma de gobierno, permitiendo así la convivencia dentro de la coalición de republicanos conservadores y monárquicos. La organización aglutinó a numerosos partidos regionales y provinciales, como la Derecha Regional Valenciana y la Unión Agraria Provincial de Albacete, alcanzando una nutrida base de afiliados estimada por la propia formación en unos setecientos mil cotizantes.

¿Cómo influyó la ideología católica y el corporativismo en el programa político de la confederación?

El núcleo ideológico de la CEDA giraba en torno a la defensa de los intereses religiosos y sociales del catolicismo frente a las reformas laicas y anticlericales impulsadas por los gobiernos republicano-socialistas presididos por Manuel Azaña. Inspirada doctrinalmente en la encíclica Quadragesimo Anno del papa Pío XI y en el catolicismo social, la coalición propugnaba un modelo de sociedad de base corporativa y un fundamentalismo moral que rechazaba el liberalismo político.

Su lema resume los ejes principales de su doctrina: «Religión, Patria, Familia, Orden, Trabajo y Propiedad». A diferencia de los partidos democristianos contemporáneos, diversos historiadores han señalado el carácter clerical y contrarreformista de la CEDA, así como su tendencia a subordinar la acción política a las directrices de la jerarquía eclesiástica. La organización no concebía la democracia como un valor absoluto, sino como un instrumento táctico para la conquista del Estado y la transformación del orden institucional desde el interior de las propias instituciones republicanas.

¿Qué papel desempeñó José María Gil-Robles en el liderazgo y la estrategia del partido?

José María Gil-Robles ejerció como la figura indiscutible y el máximo dirigente de la CEDA, aglutinando la autoridad parlamentaria y orgánica del movimiento. Tras visitar la Alemania nazi y asistir a los congresos de Núremberg en 1933, Gil-Robles mostró un profundo interés por las técnicas modernas de propaganda política, lo que se tradujo en una campaña de exaltación de la personalidad inspirada en modelos autoritarios europeos. En sus mítines y concentraciones de masas, los partidarios utilizaban habitualmente el trato de «jefe» y aclamaban su figura con consignas coreadas por multitudes uniformadas.

Retrato de José María Gil-Robles, líder de la CEDA durante la Segunda República.
José María Gil-Robles, principal dirigente de la CEDA durante la Segunda República.

Este culto a la personalidad generó tensiones internas con sectores más moderados y centristas partidarios de consolidar las instituciones democráticas, como Manuel Giménez Fernández. La estrategia de Gil-Robles combinaba la participación en las instituciones parlamentarias con la presión callejera y la movilización masiva de la sociedad católica, especialmente a través de su organización juvenil, las Juventudes de Acción Popular (JAP), caracterizadas por una marcada radicalización autoritaria.

¿De qué manera participó la CEDA en los gobiernos del Bienio Radical-Cedista?

En las elecciones generales de noviembre de 1933, la CEDA concurrió integrada en amplias coaliciones derechistas y se alzó como la fuerza con mayor número de diputados en el Parlamento, obteniendo 115 escaños. Aunque fue la primera fuerza parlamentaria, no asumió inmediatamente la jefatura del gobierno, limitándose a condicionar y apoyar exteriormente el ejecutivo radical presidido por Alejandro Lerroux durante el período historiográficamente conocido como el «Bienio Radical-Cedista» o «Bienio Rectificador».

Fotografía de un mitin político de José María Gil-Robles celebrado en San Sebastián en el año 1935.
Mitin político ofrecido por José María Gil-Robles en San Sebastián en 1935.

La presión sostenida de Gil-Robles condujo finalmente a la entrada formal de tres ministros cedistas en el gabinete en octubre de 1934. Esta incorporación gubernamental fue interpretada por los partidos de izquierda y los sindicatos obreros como una amenaza inminente de fascistización del Estado, lo que desencadenó de inmediato la insurrección armada de la Revolución de octubre de 1934, reprimida con dureza por las fuerzas de seguridad bajo la dirección del gobierno.

¿Cómo contribuyó el declive electoral de la CEDA y la polarización al estallido de la Guerra Civil?

En las elecciones de febrero de 1936, la CEDA sufrió un desgaste en favor de opciones monárquicas más radicales encabezadas por José Calvo Sotelo, aunque continuó siendo el partido individual con mayor respaldo dentro de su bloque. Tras la victoria electoral de la coalición de izquierdas del Frente Popular y la negativa de Manuel Azaña a permitir la incorporación de la derecha al poder ejecutivo, la CEDA abandonó cualquier expectativa de moderación institucional.

Durante los meses previos al estallido bélico, los dirigentes y miembros de la CEDA intensificaron sus maniobras conspirativas contra el gobierno republicano. Muchos de sus fondos económicos y dirigentes se vincularon directamente con los preparativos del golpe de Estado militar de julio de 1936 liderado por el general Emilio Mola y otros mandos del Ejército. Con el estallido de la Guerra Civil y el posterior Decreto de Unificación promulgado en la zona sublevada en 1937, la CEDA fue formalmente disuelta, y gran parte de sus militantes y dirigentes se integraron en Falange Española Tradicionalista y de las JONS.

Sources & Further Reading

  • Blinkhorn, Martin (2002). Democracy and Civil War in Spain 1932–1939. Routledge.
  • Checa Godoy, Antonio (1989). Prensa y partidos políticos durante la II República. Universidad de Salamanca. ISBN 84-7481-521-5.
  • Jackson, Gabriel (1976). La República Española y la Guerra Civil, 1931-1939. Editorial Crítica. ISBN 84-7423-006-3.
  • Preston, Paul (2007). The Spanish Civil War: Reaction, Revolution & Revenge. W. W. Norton & Company. ISBN 978-0393329872.
  • Ranzato, Gabriele (2014). El gran miedo de 1936. Cómo España se precipitó en la Guerra Civil. La Esfera de los Libros. ISBN 978-84-9060-022-1.
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